Aprende a respirar, quema más grasa

respirar

Un momento, yo ya sé respirar, pensarás. Lo hago desde que nací. Claro que lo haces, pero lo puedes hacer mejor, y quemar más grasa con ello. Respirar es algo en lo que, por fortuna, ni siquiera pensamos. Sin embargo, cuando estamos en un estado de estrés, sin darnos cuenta nuestra respiración se hace más superficial. Empezamos a respirar con el pecho, expandiendo las costillas, con inspiraciones cortas y rápidas. El resultado es que tu cuerpo dispone de menos oxígeno.

Los pulmones no se pueden hinchar solos. Cada vez que inspiramos, un músculo llamado diafragma se contrae, desciende y con eso hace sitio para que entre el aire. Pero si estamos contraídos (por el estrés) metemos tripa y sacamos pecho, el diafragma está limitado, solo puede bajar un poco. Por el contrario, si al inspirar sacamos el abdomen hacia fuera, el diafragma tiene más rango de movimiento y puede entrar más aire en los pulmones. Esta es la respiración abdominal o diafragmática, que se utiliza en todos los ámbitos, desde la meditación hasta el canto.

respiración abdominal

Con la respiración superficial entra menos aire, lo cual significa menos oxígeno en los pulmones, hay menos oxígeno disponible en tu cuerpo y menos respiración mitocondrial, el proceso que produce energía en las células a partir de oxidación de la grasa. Así que, si no respiras bien, no quemas tanta grasa.

La solución es practicar. En lugar de hinchar el pecho, pon la espalda recta y deja que tu barriga se hinche al inspirar. Esto hace que descienda el diafragma y entre más aire en tus pulmones. Aguanta la respiración un segundo o dos. Al expulsar el aire, empuja el abdomen hacia dentro. Durante todo el proceso, el pecho no debe moverse demasiado. Practica unos diez minutos al día y empezarás a notar el cambio.

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